Política Exterior: Un Barco a La Deriva — por Adolfo Castells

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Política Exterior: Un Barco a La Deriva

Por Adolfo Castells (castells@eldiario.com.uy) | Miercoles, 21 de Setiembre del 2011

 

* nota publicada originalmente en www.eldiario.com.uy – reproducción con autorización del autor. El artículo, además, constituye  un resumen del Primer Taller de la ST8, a cargo del Emb. Castells.

 

Después de 12 años de “oprobiosa dictadura” —sonsonete que tenemos que oír un día sí y otro también por parte de los frenteamplistas, algunos de los cuales la sufrieron y mucho, pero otros estuvieron debajo de una cama o acomodados en cargos del gobierno militar— a partir de 1985, el Uruguay recompuso su imagen internacional. Y muy bien.

Nuestro país ocupó durante muchos años un sitial destacado en el universo, obviamente no por su dimensión ni su potencia, sino por las ideas que aportó a la comunidad internacional. No hay más que acordarse —entre tantas otras cosas— de las doctrinas de derecho internacional de cuño uruguayo, como el arbitraje obligatorio de José Batlle y Ordoñez, en la que anticipó la adoptada fórmula internacional; el panamericanismo de Baltasar Brum, el paralelismo entre la democracia y la paz de Eduardo Rodríguez Larreta y la destacadísima actuación de Alberto Guani en la Sociedad de Naciones.

Y por esa senda siguieron los dos gobiernos del Dr. Julio María Sanguinetti, el del Dr. Luis Alberto Lacalle y el del Dr. Jorge Batlle, con políticas de Estado, que son intemporales. Luego ganó las elecciones el Frente Amplio y asumió el Dr. Tabaré Vázquez. Todos sabíamos que la izquierda en el poder iba a cambiar algunos postulados tradicionales de la política exterior, ideologizando las alianzas y haciendo prevalecer otro tipo de valores, distintos, pero respetables si se llevan bien a cabo.

Para implementar todo eso, nosotros los ingenuos, pensamos que el “progresismo” tendría un equipo adecuado y competente, luego de pontificar sobre todos los temas —y particularmente sobre éste— durante décadas. Nada más lejos de la realidad. El primer equipo dirigido por Reinaldo Gargano, fue deplorable y empezó la destrucción sistemática de lo logrado internacionalmente, así como de la Carrera Diplomática, que a partir de 1985 se había ido profesionalizando cada vez más.

Luego hubo un interregno de sensatez con el Dr. Gonzalo Fernández, que si bien no era un especialista en el tema internacional, al menos tenía cultura y sentido común, pese a que —obviamente—  tuvo que seguir los postulados “progresistas” en la materia.

Y llegó Mujica. De la mano de él, ocupó la Cancillería Luis Almagro, un funcionario de carrera que, por ello mismo, suscitó buenas expectativas. Sin embargo, ha decepcionado cualquier esperanza que se pudiera haber tenido. Y no sirve la excusa de que al Presidente nadie lo puede controlar en su verborragia. Si hay algo que no se ajusta al plan (¿qué plan? se podrá pensar) el Canciller se lo tiene que señalar y si no le hace caso, irse. Quizás esto pueda parecer un chiste para alguien que está —como otros jerarcas— atornillado al sillón ministerial, con bulones de acero templado de alta resistencia.

Excede ampliamente los límites de un artículo reseñar los errores de Almagro. Tratemos de enumerar solamente tres.

1) RELACIONES CON ARGENTINA. Pese a las expresiones cancilleriles y a los besos y abrazos presidenciales, los empresarios uruguayos han demostrado que hay un cúmulo de trabas que aplica Argentina y muchos focos de conflictos comerciales.

Dificultad para poder recibir energía eléctrica de Paraguay que impone Argentina; medidas que perjudican notoriamente al Uruguay  por efecto del patotero Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno; las demoradas “licencias automáticas” que han perjudicado a empresas uruguayas que ya desistieron de exportar a Argentina para no quedar expuestas a meses de espera y pérdida de negocios; y las licencias no automáticas, violando normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Sumemos a eso el atraso en el dragado de los canales; el freno en proyectos de inversión en el puerto de Nueva Palmira; el veto argentino para divulgar los resultados del monitoreo en la planta de UPM y la desembocadura del río Gualeguaychú, porque no les son favorables a lo sustentado por sus piqueteros (siempre apoyados por los Kirchner y —no olvidemos— hay elecciones en octubre en la vecina orilla); y un largo etcétera.

2) RECONOCIMIENTO DEL “ESTADO” PALESTINO. Nuestro gobierno reconoció al “Estado” palestino. Esta decisión representa una fractura en la tradición diplomática nacional, un agravio inútil a un país tradicionalmente amigo como Israel, el desconocimiento de la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, un total desprecio al Derecho Internacional y un tácito apoyo al terrorismo representado por la organización Hamas.

Se argumenta que un centenar de países han reconocido a ese Estado. Es cierto, pero no lo han hecho ni los países de la Unión Europea, ni los EE.UU. ni Canadá y esos reconocimientos colisionan con el espíritu de la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas de 1967, votado a la unanimidad, ya que es notorio que Israel no tiene fronteras seguras, reconocidas y libres de amenaza o actos de fuerza y que Palestina no tiene integridad territorial.

La Cancillería hebrea entiende, además, que ese reconocimiento constituye una violación de los acuerdos interinos firmados entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP), que estipulan que el futuro de Cisjordania y de la Franja de Gaza será discutido y definido mediante negociaciones.

Por su parte, el Canciller Almagro explicó que nuestro país “reconocerá al Estado palestino pero sin pronunciarse sobre los límites del mismo”. (El País, 2/2/2010)

Cualquier estudiante de derecho internacional, en sus primeros pasos, aprende que para poder ser reconocido como “Estado”, esa entidad deberá reunir tres condiciones “sine qua non”: territorio propio, población dentro de este territorio y gobierno independiente con la dirección de sus relaciones exteriores.

¿Cuál es el “territorio propio” que pretende reconocer el Uruguay, cuyo Canciller confiesa que no se va a pronunciar sobre los límites palestinos? Y si son las fronteras anteriores a la Guerra de los Seis días ¿qué gobierno se reconoce: el de la Autoridad Nacional Palestina de Al-Fatath presidido por  Mahmud Abbas, en Ramala o el gobierno de Ismail Haniye, que está al frente del régimen islámico de Hamas, rigiendo de facto la franja de Gaza?

3) EXTENSIÓN DE LA PLATAFORMA CONTINENTAL DE 250 A 350 MILLAS. Según consignó el diario (El País, 3/9/2011), el presidente de la Comisión asesora para el establecimiento del límite exterior de la plataforma continental (COALEP), Dr. Carlos Mata, habría declarado que Uruguay no está en condiciones económicas de aportar los datos que pide Naciones Unidas. “Nos dijeron que necesitan más información para estar más seguros. Algunos de los datos que nos solicitaron no son accesibles, son muy complejos y llevaría mucho tiempo conseguirlos”.

Como eso no fue desmentido por parte de la Cancillería, en las más de dos semanas que han transcurrido, lo damos por exacto. Y entonces mi estupor es enorme: ¿Es muy caro extender el territorio marítimo uruguayo de los 153.000 km2 actuales a 256.000 mil km2? ¿Estamos hablando en serio?

Ahora bien, hay una versión mucho peor que da Daniel Gianelli en su nota de Búsqueda (15/9/2011): “Papelón Diplomático”, que “el traspié sufrido en la subcomisión de la ONU  se debió a que la delegación uruguaya no pudo hacer su presentación en el idioma de trabajo del grupo, el inglés, pese a que esa circunstancia era conocida de antemano”; que —colmo de la vergüenza— “se pidió al delegado de Brasil que hiciera la presentación” y que no pudo ya que los reglamentos no se lo permitían. Finalmente, el Embajador en Naciones Unidas, José Luis Cancela: “improvisó una presentación en inglés, pero sin la precisión necesaria ya que se trata de un tema que requiere un lenguaje técnico que no es de su especialidad ni domina”.

Peor bochorno e irresponsabilidad, imposible y que tampoco ha sido desmentido.

 

* * *

Nos quedan en el tintero, para una próxima oportunidad, —entre otros— las relaciones con Irán, el no reconocimiento del nuevo gobierno libio, el “amiguismo” en el Palacio Santos y la aniquilación de la Carrera Diplomática, culminando Luis Almagro así, la obra que empezara Reinaldo Gargano.

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